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Terra
La Coctelera

Cotilleos

Siempre hay

un lugar

para esto:

Se han separado´.

Él más delgado,

ella ha vuelto

a enamorarse.

Sale con un barbas

-cliente habitual

del bar

donde ella trabaja-.

Juntos se les ve

de la mano

mientras el ex

sigue como amigo,

eso dicen.

Cotilleos:

Por la pelu vendo,

cambio chismes por

un buen colchón.

Me asomo

al balcón.

No fisgo,

sólo miro, ojeo

al vecino,

viene torcido

por el peso

de las bolsas

de la compra.

No sabe

compensarlas.

Y veo

a la vecina

de arriba,

la que tuvo gemelos.

Anda cabreada

porque no hemos querido

poner ascensor.

Y por allá viene

la urraca,

señora más mala

que la tiña.

Tiene un hijo

troglodita

que repara

ordenadores

y los debe

dejar peores.

Estas son

las últimas noticias

de mi vecindad.

¡Cuidado!

Vengo armado

con un bolígrafo

de cuatro colores

-si se gastan tres

me queda uno-

el cargador lleno

de tinta

asi que ¡ojo!

tratarme bien,

no se metan

conmigo

porque si no

lo escribo,

lo planto

en el papel,

los pongo tíbios.

No me roben,

pues sabrán

quienes han sido.

No me peguen,

pues he sido boxeador,

luchador de shorinji kempo,

de wing chun kung fu,

manejo los nunchakus

y sé de puntos vitales

para golpearles

con precisas

y potentes palabras,

con ingeniosas metáforas

y un sinfin

de versos y poemas.

Va de trenes

Va de trenes

Desde pequeño
me han gustado
los trenes.
Tanto viajar
en ellos
como verlos.
Esas moles
de hierro,
toneladas
de acero.
Trenes
de pasajeros
de largo recorrido.
Chirrían sus ruedas.
Feliz con su bamboleo.
Locomotoras 269,
majestuosas 333,
potentes y fantásticas 251,
versátiles y dóciles 252.
Todas de Renfe.
También hayamos aquí,
en el norte
los de vía estrecha:
el topo
y los vascongados.
La feve.
Me encantan
los trenes
de mi vida.